El español: variantes lexicales en México
Entender los usos corrientes del español practicados en
diferentes partes de la América Latina y España
no es cosa fácil evidentemente. De hecho, muchas de las
expresiones usadas en algunos de estos países son tan variadas
que se llega al punto de que grupos de hablantes de una región
no se entienden con los de otras, incluso, dentro de un mismo
país. En otros casos, aunque estas expresiones sean conocidas,
muchos hablantes prefieren no usarlas y las evaden como resultado
de diversas condiciones culturales, sociales y económicas,
entre otras. En general, pese a la diversidad en el uso de tales
expresiones, es posible saber a qué lugar pertenecen o
de dónde provienen aquellos que las usan o, como se dice
comúnmente, a la persona se le conoce por la lengua.
En México, por ejemplo, existen algunas expresiones referidas
al hecho de ir a una fiesta; es así como mucho mexicanos
dicen vamonos al reventón, a mover el
bote, a sacar la polilla, o vamonos a
sudar grueso. Si, por el contrario, el ánimo no está
para festejar, sino que no se tiene dinero o la persona está
deprimida es estar bien amolado.
Cuando se realizan trabajos menores como ayudar a limpiar carros
o trabajar de mandadero en una oficina, se dice que la persona
es achichincle. Si ese achichincle se enoja o no quiere
seguir haciendo sus mandados, entonces puede ser que se alebreste
o se encorajine; pero como siempre sabe que es lo
más conveniente, es mejor que no se sulfure,
porque puede perder su chamba o empleo.
Si alguien es atrapado con las manos en la masa, es
decir, haciendo algo nocivo o poco decoroso como, por ejemplo,
robando dinero, se dice que lo agarran en curva. En
este mismo sentido, tomar cosas que a alguien no le pertenecen
es gustarle la una o ser un ratón
y no, precisamente, de biblioteca.
Cuando alguien a quien se le debe un dinero y hay que pagarle
la lana, siente desconfianza de los cheques bancarios
porque probablemente le rebotan, preferirá
con seguridad que le paguen al chaz chaz constante y sonante,
es decir, en efectivo. Si, de hecho, un cheque rebota, el que
lo cobra se pone verde del coraje, furioso, y el que
lo da, si tiene vergüenza, deberá ponerse rojo
de la pena. Los colores, en este caso, se asocian a estados de
ánimo.
Finalmente, esto no es más que una pequeña muestra
de las posibilidades que se construyen en el uso de la lengua:
expresiones buenas y malas o torcidas, corrientes o chafas
y elegantes. En suma, un fenómeno que no es exclusivo del
español sino de cualquier lengua en uso entre un grupo
de hablantes.
|