Los misterios de la isla de Pascua
La isla de Pascua en Chile, conocida también como Rapa
Nui, es uno de esos lugares misteriosos que atrae a un gran número
de visitantes de diferentes lugares del mundo. Es también
un sitio arqueológico reconocido y de gran interés
que algunos llaman continente perdido u ombligo
del mundo debido a que se encuentra donde, dice la gente,
el aire da vuelta.
Ubicada a 2000 millas del centro más cercano de la tierra
en el pacífico sur, esta isla es famosa por sus gigantescas
y misteriosas estatuas llamadas Moai, las cuales fueron
elaboradas, en su mayoría, de piedras volcánicas
que representaban el espíritu de importantes jefes y ancestros
del lugar. Existen más de mil de estas figuras alrededor
de la isla y, al parecer, se pueden diferenciar por grupos con
sus propios rasgos. Las pinturas rupestres y petroglifos las acompañan
como una de sus características fundamentales, con unos
5000 motivos registrados. No se puede pasar por alto el más
destacado y reconocido petroglifo correspondiente al hombre pájaro
también conocido como Tangata Manu. Éste se ubica
en las rocas de Mata Ngarau en la aldea ceremonial de Orongo junto
al volcán Rano Kau, y representa una de las ceremonias
que surgió como respuesta a los conflictos sociales que
existían en la Cultura Rapa Nui.
Vale la pena recalcar que en toda la isla no existen dos estatuas
iguales. Estos monumentos se caracterizan por no tener pies y
sus antebrazos parecen como sugeridos relieves delante del estómago.
Sobresalen sus enormes cabezas y orejas alargadas, algunas con
enormes ojos, cejas y boca, otras con delgados labios y narices
hacia arriba mostrando cierta burla. Algunas de ellas con los
ojos abiertos miran a la tierra y dan la espalda al mar. Su misterio
radica en que aún no han sido descifrados muchos de sus
secretos, entre ellos, su forma de escritura con jeroglíficos,
la manera en que se llevaron a cabo y transportaron estas rocas,
la poca información para identificar a los constructores
y la razón del repentino cese de las construcciones. Algunas
muestras de DNA señalan que a lo mejor fueron polinésicos
los primeros habitantes y no culturas prehispánicas o de
América del Sur, pero la duda continúa.
Aunque hace falta más información sobre aspectos
importantes de la cultura, los estudiosos siguen atando cabos
de esta maravillosa, enigmática e interesante civilización.
Por lo pronto, se tiene su herencia palpable que no sólo
echa a volar la imaginación de unos cuantos, sino que también
da qué pensar acerca del origen y el por qué de
tan impresionante manifestación artística.
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