Arqueología urbana: formas de lectura de la ciudad
En 1985, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad
de Buenos Aires creó el Centro de Arqueología Urbana. Este organismo
interdisciplinario está formado por arquitectos, urbanistas, arqueólogos
e historiadores que trabajan mancomunadamente para rescatar y estudiar
objetos que permitan reconstruir la vida doméstica de la ciudad
de Buenos Aires de antaño.
A pesar de que su trabajo es estrictamente científico, no funcionan
como un equipo tradicional de arqueólogos. Los arqueólogos tradicionales
trazan cuadrículas en el piso y excavan muy cuidadosamente para
luego hacer una búsqueda extensa sobre el lugar. Esta forma de trabajo,
sin embargo, es insostenible para los arqueólogos urbanos, puesto
que para poder excavar el suelo de las ciudades hay que esperar
momentos muy precisos en los que la ciudad deja al descubierto sus
tesoros. Las cuadrillas aprovechan para hacer sus estudios en los
momentos en que se realizan obras de construcción de edificios,
cañerías, o desagües que ponen al descubierto terrenos que normalmente
se encuentran tapados por las edificaciones. Los tiempos son más
cortos y las excavaciones más complicadas porque deben respetar
los tendidos de cables, caños y subtes que descansan bajo la tierra.
El objeto mismo de estudio de estos arqueólogos es particular y
parece poco académico. Como su cometido es obtener información sobre
la vida privada de los antiguos habitantes de la ciudad, no tratan
con fósiles, ni con momias, sino que se concentran en la basura.
Esto se explica porque hasta 1890 la ciudad de Buenos Aires no tuvo
un sistema de recolección de residuos, sus habitantes construían
pozos recubiertos de ladrillos y con tapas de madera para tirar
la basura. Cuando un pozo se llenaba, se tapaba con tierra para
que no diera mal olor y se hacía otro. Estos pozos que quedaron
debajo de las modernas construcciones de la ciudad, son para estos
arqueólogos una fuente invalorable de información. Al pozo fueron
a dar los platos rotos, los residuos de comida, los juguetes de
los chicos, los elementos rituales y objetos eróticos. Lo que se
desecha, lo que se fue tirando a la basura: cosas lindas o valiosas
que se rompieron, que pasaron de moda, se pusieron viejas y todas
las variantes posibles para que un objeto caiga en desuso. Y lo
que es más interesante en el pozo confluían los desechos de los
dueños de casa y de la servidumbre. Con estos objetos los arqueólogos
reconstruyen las costumbres del comer y beber, los hábitos higiénicos
y las modas pero no sólo de las clases más influyentes, de las que
encontramos más información en documentos de época, sino también
de las clases populares. A través de esta basura pueden reconstruir
como vivían los obreros, la servidumbre o los agricultores, de quienes
la “gran historia” no se ha ocupado.
El equipo de Arqueología urbana de la Ciudad de Buenos Aires trabaja
para crear conciencia sobre la inmensa relevancia de lo pequeño
para la historia. Trabajan con lo que la sociedad descartó a lo
largo de su historia, para transformarla en la cultura material
del pasado. |