El Tango, apunte histórico (por J. Alberto Mariñas)
Es difícil escribir un apunte histórico sobre el
tango, pero al mismo tiempo, es muy arduo eludirlo. Aunque sobre
el tango y sus figuras son muchas las cosas que se discuten y
ponen en duda, es generalmente aceptado que el tango nace en Buenos
Aires a finales del siglo XIX aunque algunos prefieren decir a
modo conciliador, que nació a las orillas del Río
de la Plata, con el fin de contentar a los uruguayos que reclaman
una compaternidad del fenómeno.
Resulta imposible apuntar una fecha de nacimiento del tango. Sin
embargo, muchos estudiosos coinciden en que surgió alrededor
de 1880. La sociedad donde nace el tango escuchaba y bailaba habaneras,
polkas, mazurcas y algún vals, por lo que respecta a los
blancos, mientras que los negros, un 25% de la población
de Buenos Aires en el siglo XIX, se movían al ritmo del
candombe, una forma de danza en la que la pareja no se enlazaba
y bailaba de una manera más marcada por la percusión
que por la melodía.
Musicalmente, el tango entronca en su genealogía con la
habanera hispano-cubana y es por tanto hijo del trasiego mercantil
entre los puertos de lengua española de La Habana (Cuba)
y Buenos Aires (Argentina). Sin embargo, estos orígenes
explican poco sobre su nacimiento. Inicialmente, el tango es interpretado
por modestos grupos que cuentan sólo con violín,
flauta y guitarra o incluso, en ausencia de ésta, el acompañamiento
de un peine convertido en instrumento de viento con la mediación
de un papel de fumar y un avezado soplador que marca el ritmo.
El instrumento mítico, el bandoneón, no llega al
tango hasta un par de décadas después de su nacimiento,
en 1900 aproximadamente, y poco a poco sustituye a la flauta.
Inicialmente, el tango debió ser un modo de interpretar
melodías ya existentes, modo sobre el que fueron creándose
otras nuevas que en un inicio ni siquiera contaban con una transcripción
musical, ya que a menudo sus intérpretes y creadores no
sabían escribir o leer música. De hecho, con el
correr de los años, algunos de los primeros tangos ya transcritos
no van firmados por sus autores sino por avispados personajes
que sí sabían escribir música y aprovecharon
el vacío existente sobre la autoría de determinados
tangos celebrados popularmente, para ponerlos a su nombre y ganar
con ello unos pesos.
Sobre el origen del nombre hay miles de respuestas y es difícil
hablar con propiedad.. En España en el siglo XIX se empleaba
la palabra tango para un palo flamenco. En la geografía
africana hay algunos topónimos con ese nombre; en documentos
coloniales españoles se usa el vocablo para referirse al
lugar en que los esclavos negros celebraban sus reuniones festivas.
Algunos incluso dicen que el origen podría estar en la
incapacidad de los africanos para pronunciar bien la palabra "tambor"
que quedaría así transformada en "tangó".
Sin embargo, si es posible hablar con propiedad de un elemento
importante: el escenario de su nacimiento. Hay que decir que Buenos
Aires era a finales del XIX una ciudad en expansión con
un enorme crecimiento demográfico sustentado sobre todo
en la emigración que procedía de multitud de países.
Había por supuesto españoles e italianos pero no
eran ajenos a esta corriente migratoria los alemanes, húngaros,
eslavos, árabes, judíos
Todos ellos componían
una gran masa obrera desarraigada, pobre, con escasas posibilidades
de comunicación debido a la barrera lingüística
y mayoritariamente masculina, ya que eran fundamentalmente hombres
en busca de fortuna, hasta el punto de que la composición
natural de la población de Buenos Aires quedó totalmente
descompensada, de modo que el 70% de los habitantes eran hombres.
En este ambiente, se comienza a bailar en tugurios y lupanares
el nuevo ritmo que se asocia así desde su inicio al ambiente
prostibulario, ya que eran sólo prostitutas y "camareras"
las únicas mujeres presentes en las academias o perigundines.
Puesto que se trataba de féminas dedicadas en alma y, sobre
todo, en cuerpo a sus accidentales acompañantes, el tango
se comenzó a bailar de un modo muy "corporal",
provocador, cercano, explícito
de un modo socialmente
poco aceptable como se vería cuando, siendo ya un fenómeno
emergente, el tango comenzó asalir del arrabal de su ciudad
de origen y empezó a expandirse. En los primeros tiempos,
cuando el tango comienza a convertirse en canción, las
letras que acompañan la música son obscenas y sus
títulos dejan lugar a pocas dudas: "Dos sin sacarla",
"Qué polvo con tanto viento", "Con qué
tropieza que no entra", "Siete pulgadas"... o incluso
"El Choclo" que aunque literalmente significa mazorca
de maíz, en sentido figurado y vulgar, equivale a otra
palabra obscena. De su baja cuna a su encumbramiento como baile
rey en los salones del mundo occidental, el tango recorrió
un curioso camino de ida y vuelta entre el Nuevo y el Viejo Continente,
con una parada decisiva y brillante en París. ¿Cómo
llegó allí? También en este punto las respuestas
son dispares. Determinados textos, mucho más ingenuos que
eruditos, dan incluso nombres y apellidos de "la" persona
responsable de este viaje. La realidad, en su extensión
como en su nacimiento, parece más compleja y, sobre todo,
plural. Los "niños bien" de Buenos Aires no tenían
reparos en bajar a los arrabales para divertirse, bailar y, de
paso, levantarse alguna mina o alguna "milonguita" que
engatusaba o se dejaba engatusar. Y para acercarse a la mujer
no conocida, nada mejor que el tango. Por supuesto, el tango no
era aceptable en sus casas ni bailable con las señoritas
de su ambiente y por esa razón permaneció durante
muchos años como algo marginal y de clase baja. Sin embargo,
los viajes de estos patricios a Europa, especialmente a París,
fueron el desencadenante. París no sólo era la capital
del glamour y de la moda, sino que además era una ciudad
que daba cobijo a una sociedad plural, parte de la cual era alegre
y desprejuiciada. Los bailes galantes de la capital francesa venían
de atrás, Louis Mercier, cronista de la vida parisina escribía
en 1800: "Después del dinero, hoy en día el
baile es lo que más éxito tiene entre los parisinos,
sea cual sea su extracción social: aman el baile, lo veneran,
lo idolatran
Es una obsesión a la que nadie escapa".
Si ello era así a principios del XIX también lo
era a principios del siglo XX al que llegaron con una fortalecida
fama locales públicos como el Bal Bullier de Montparnasse
o el Moulin de la Galette. Por añadidura, el atrevimiento,
a principios de siglo, no era ajeno a las costumbres parisinas,
antes al contrario, algún baile anual, como el Bal des
Quat'z Arts de los estudiantes, "era célebre por lo
ligero de las vestimentas y por el jolgorio sexual que reinaba
siempre en él".
En este contexto social no fue difícil que el osado baile
creado en la capital del Plata encontrara un terreno abonado para
florecer y convertirse en curiosidad al principio, en moda y furor
después. Y una vez en París, el escaparate de Europa,
la capital de la moda, la cuna del chic, su extensión al
resto del continente primero, a todo el mundo después,
fue algo sencillo y rápido. Curiosamente, es entonces,
cuando Buenos Aires se mira en París, cuando finalmente
el tango entra en sus salones más nobles avalado ahora
por el bautismo europeo, el mejor de los pedigríes para
una burguesía emergente que luchaba por hacer de su ciudad
el París de América La gloria trajo también
y simultáneamente el rechazo. La sempiterna dinámica
social se puso nuevamente en marcha, lo antiguo frente a lo nuevo,
la censura frente a la apertura, la tradición frente a
la renovación. Los detractores del tango surgieron por
doquier y fueron incluso ilustres y famosos. El Papa Pío
X lo proscribió, el Káiser lo prohibió a
sus oficiales y la revista española La Ilustración
Europea y Americana hablaba del "
indecoroso y por todos
conceptos reprobable 'tango', grotesco conjunto de ridículas
contorsiones y repugnantes actitudes, que mentira parece que puedan
ser ejecutadas, ó siquiera presenciadas, por quien estime
en algo su personal decencia." No obstante, para cuando llegó
la reacción la suerte estaba ya echada: el tango había
triunfado. Hubo vestidos de tango, color tango, tango-thés
el tango fue el baile rey de ese mundo de preguerra que habría
de terminar muy pronto con el primer enfrentamiento armado mundial,
la ascensión de Estados Unidos como potencia, el cambio
de costumbres. Después, el tango siguió viviendo,
nació con fuerza el tango canción que le tomó
el relevo al tango baile, pero con un éxito geográficamente
más restringido, el mundo, en una nueva preguerra descubrió
y admiró a Carlos Gardel y al final del conflicto la supremacía
de Estados Unidos desembarcó en Europa también con
el swing que murió sólo para darle paso al rock.
En todos estos años el tango tiene una brillante historia
de auges limitados y declives relativos y una continuada vida
a lo largo de la cual se ha desarrollado tanto el baile como la
música hasta llegar a un nivel de sofisticación
y depuración que dejan a las claras la madurez de esta
manifestación que vive ya en las primeras décadas
de su segundo siglo de vida.
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